La actriz y conductora Maribel Guardia y el exboxeador Julio César Chávez se reunieron en una conversación íntima y reveladora para desmentir los rumores que vinculaban el implante de naltrexona, conocido popularmente como "el chip", con el fallecimiento de Julián Figueroa, hijo de Maribel.
Ambas figuras, unidas por haber vivido de cerca las adicciones de sus hijos, ofrecieron un testimonio directo y sin filtros sobre un tratamiento que, según ellos, puede salvar vidas si se usa correctamente.
El implante de naltrexona es un dispositivo que se coloca bajo la piel y bloquea los efectos de los opioides y el alcohol. Tras la muerte de Julián Figueroa, versiones en medios especularon sobre una posible relación entre el implante y su deceso, generando confusión pública sobre la seguridad del tratamiento.
Chávez, quien dirige clínicas de rehabilitación y utilizó el chip personalmente, fue categórico: el dispositivo no causa la muerte ni infartos. Explicó que sí puede provocar náuseas o malestar si el paciente intenta consumir sustancias mientras está activo, pero que esa reacción es parte de su mecanismo, no un efecto letal. "Si fuera mortal, yo ya hubiera muerto", afirmó, señalando que también se lo colocó a su hijo Julio César Chávez Jr. durante su proceso de recuperación.
Maribel aclaró que Julián acudió voluntariamente a colocarse el implante tras haber permanecido limpio durante un mes y medio en una clínica. Su objetivo al hablar públicamente es defender la reputación de un tratamiento que, en su experiencia, formó parte de un proceso serio de recuperación.
Chávez aprovechó el espacio para lanzar un llamado a las familias: no normalizar el consumo de alcohol o tabaco en los jóvenes, ya que suelen ser la puerta de entrada a drogas más destructivas como el fentanilo. Ambos coincidieron además en criticar a sectores de la prensa que, según ellos, distorsionan testimonios y lucran con el dolor de las familias que atraviesan procesos de adicción.
A pesar de que su hijo atravesó más de quince internamientos antes de lograr la sobriedad, Chávez fue claro en su mensaje final: nunca se debe abandonar a un hijo. La conversación cerró con un gesto de afecto mutuo y un llamado a tratar estos temas con responsabilidad, verdad y respeto humano.

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