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lunes, 23 de febrero de 2026

No hay cura para la fatiga crónica, pero sí tratamiento.



La encefalomielitis miálgica, conocida clínicamente como Encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC), es un trastorno crónico y complejo que se caracteriza por una fatiga intensa, persistente y debilitante que no mejora con el descanso y se prolonga por al menos seis meses. A diferencia del cansancio común, esta condición interfiere de manera significativa con la capacidad de realizar actividades cotidianas, laborales o académicas.


De acuerdo con instituciones médicas como Mayo Clinic y MedlinePlus, la EM/SFC no tiene una causa única identificada. La evidencia disponible sugiere un origen multifactorial. Entre los factores asociados se incluyen infecciones virales —como el virus de Epstein-Barr—, alteraciones del sistema inmunológico, predisposición genética, estrés físico o emocional intenso, trastornos hormonales y posibles disfunciones en el metabolismo energético celular. No obstante, la relación causal directa aún no ha sido establecida con certeza absoluta, lo que mantiene abierta la investigación científica en esta área.


El síntoma central es la fatiga profunda y desproporcionada al esfuerzo realizado. Uno de los rasgos distintivos del trastorno es el llamado malestar post-esfuerzo, es decir, un empeoramiento notable de los síntomas tras actividades físicas o mentales que, en personas sanas, no generarían agotamiento significativo. Este deterioro puede prolongarse más de 24 horas. A ello se suman sueño no reparador, dolores musculares y articulares sin inflamación visible, dificultades cognitivas conocidas como “niebla mental”, sensibilidad en ganglios linfáticos y mareos al permanecer de pie, fenómeno denominado intolerancia ortostática.


El impacto funcional puede ser severo. Diversos estudios reportan limitaciones importantes en la vida social, aislamiento progresivo y, en casos graves, discapacidad parcial o total. La condición no distingue edad, aunque puede afectar tanto a adultos como a adolescentes.


En cuanto al tratamiento, actualmente no existe una cura definitiva. El abordaje se centra en el manejo sintomático y la mejora de la calidad de vida. Entre las estrategias recomendadas se encuentra el “pacing”, que consiste en administrar cuidadosamente la energía disponible para evitar recaídas. También pueden emplearse intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual, especialmente para el afrontamiento emocional de la enfermedad, así como programas de ejercicio físico graduado adaptado a la tolerancia individual. Además, los médicos pueden prescribir fármacos en dosis bajas para tratar dolor, alteraciones del sueño o síntomas depresivos asociados. Antes de establecer el diagnóstico, es indispensable descartar otras patologías que puedan explicar la fatiga crónica.


La comunidad médica coincide en que la EM/SFC continúa siendo un desafío diagnóstico y terapéutico. Si bien el conocimiento científico ha avanzado, persisten interrogantes sobre su fisiopatología exacta. El reconocimiento temprano y el acompañamiento integral son claves para reducir el deterioro funcional y mejorar el pronóstico a largo plazo.



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