La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, marca un punto de inflexión en la historia reciente del narcotráfico en México. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) fue abatido el 22 de febrero de 2026 durante un operativo del Ejército mexicano en Tapalpa, Jalisco, según confirmaron fuentes federales y el propio Gobierno de México. La operación, descrita como un golpe de alto valor estratégico, terminó con el traslado del capo herido de gravedad hacia la Ciudad de México, donde falleció. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la identidad y defendió la legalidad de la intervención.
Hecho comprobado: diversos medios internacionales y autoridades mexicanas coinciden en que el operativo fue ejecutado por fuerzas armadas nacionales, con intercambio de fuego y saldo letal para el líder criminal. También está documentado que, tras el anuncio, se registraron bloqueos carreteros, quema de vehículos y ataques coordinados en al menos una veintena de estados, particularmente en Jalisco y Michoacán. El Departamento de Estado de Estados Unidos actualizó alertas de viaje para varias regiones del país. El nivel de certeza sobre estos eventos es alto, dado el respaldo de fuentes oficiales y cobertura simultánea de medios con líneas editoriales distintas.
Interpretación razonable: la muerte de Oseguera Cervantes representa el mayor golpe estructural contra el CJNG desde su consolidación como uno de los cárteles más expansivos y violentos del hemisferio. La organización, señalada por agencias mexicanas y estadounidenses como responsable de tráfico masivo de metanfetaminas y fentanilo, dependía de un liderazgo centralizado, carismático y fuertemente militarizado. Analistas de seguridad estiman que la ausencia de una figura de cohesión podría desencadenar una pugna interna por el control territorial. El nivel de certeza aquí es medio: la fragmentación de cárteles tras la captura o muerte de sus líderes tiene precedentes empíricos en México, pero los resultados varían según la estructura interna y las alianzas locales.
El vacío de poder abre interrogantes inmediatas. No existe un sucesor oficial confirmado. Entre los nombres mencionados por analistas figuran Gonzalo Mendoza Gaytán (“El Sapo”), Julio Alberto Castillo Rodríguez (“El Chorro”), Audias Flores Silva (“El Jardinero”) y Juan Carlos Valencia González, alias “El 03”. Este último, nacido en California y vinculado familiarmente al círculo íntimo de Oseguera, dirige el Grupo Élite del CJNG, brazo armado creado en 2019. Hecho comprobado: autoridades estadounidenses lo han identificado previamente como operador clave y lo incluyen en listados de búsqueda. Interpretación razonable: su control del aparato armado le otorga ventaja táctica en una eventual sucesión. Sin embargo, la historia criminal mexicana muestra que el poder no siempre recae en el heredero biológico o político, sino en quien logre alinear recursos financieros, lealtades regionales y capacidad de coerción. Nivel de certeza: medio.
Un elemento adicional es la dimensión internacional. Oseguera era considerado uno de los narcotraficantes más buscados por México y por la DEA, con recompensa multimillonaria. La coordinación bilateral en inteligencia —según reportes oficiales— habría sido relevante para ubicarlo. Especulación: una mayor presión estadounidense podría acelerar la fragmentación o reconfiguración del CJNG en células más pequeñas, dificultando su persecución pero reduciendo su capacidad de coordinación nacional. Nivel de certeza: bajo, dado que dependerá de decisiones políticas y dinámicas criminales aún en evolución.
La experiencia comparada ofrece advertencias. La estrategia de “descabezamiento” aplicada en México desde mediados de los años 2000 produjo, en múltiples casos, un aumento temporal de violencia por disputas internas. Ese patrón está documentado en estudios académicos sobre seguridad pública. Si se replica, el país podría enfrentar semanas o meses de reacomodo violento. La evidencia histórica otorga a esta proyección un nivel de certeza medio-alto.
El impacto inmediato ya es tangible: disturbios coordinados, tensión en corredores logísticos y una reacción preventiva del gobierno federal. El desafío estructural, sin embargo, excede la captura o muerte de un solo líder. La resiliencia del CJNG dependerá de su capacidad de recomposición interna y de la respuesta institucional sostenida. En términos estratégicos, la eliminación de “El Mencho” es un hito; si constituye el inicio de un debilitamiento duradero o solo un episodio más en la evolución del crimen organizado mexicano, es una incógnita que las próximas semanas comenzarán a despejar.

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