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jueves, 27 de noviembre de 2025

Se fue de OpenAI, robó a sus mejores cerebros y ahora los grandes millonarios le suplican

Mira Murati: la ingeniera que abandonó OpenAI y en nueve meses levantó un imperio de 12.000 millones




Por Javier C. Hernández


Mira Murati ya no necesita presentación. A sus 36 años, la albanesa que dirigió la tecnología detrás de ChatGPT, DALL-E y Sora es hoy la fundadora y CEO de Thinking Machines Lab, la startup de inteligencia artificial que más rápido ha escalado en la historia reciente de Silicon Valley.


Nacida en Vlorë en 1988, hija de dos profesores de literatura, Murati dejó Albania con 16 años gracias a una beca del United World Colleges. Estudió en Canadá y se graduó con honores en Dartmouth College. Su trayectoria profesional empezó en Tesla (donde lideró producto del Model X), pasó por la startup de realidad aumentada Leap Motion y en 2018 recaló en una OpenAI que apenas tenía 80 empleados.


En seis años se convirtió en la CTO que supervisó el lanzamiento de GPT-4, ChatGPT y todos los grandes hitos de la compañía. En noviembre de 2023 vivió su momento más mediático: cuando la junta destituyó a Sam Altman, ella fue nombrada CEO interina durante 72 horas intensas que paralizaron al sector tecnológico mundial.


El 25 de septiembre de 2024 anunció su salida con un tuit de apenas dos líneas. Lo que nadie sabía es que ya tenía listo el siguiente capítulo.


Cinco meses después, en febrero de 2025, registró Thinking Machines Lab, una corporación de beneficio público con la misión de crear IA comprensible, personalizable y alineada con valores humanos. El crecimiento fue vertiginoso: valoración de 9.000 millones antes de tener producto, ronda semilla de 2.000 millones liderada por Andreessen Horowitz en abril y, el 1 de octubre, lanzamiento de Tinker, una herramienta que permite a investigadores y empresas ajustar modelos de frontera sin gastar millones en infraestructura.


Hoy, apenas nueve meses después de su fundación, Thinking Machines Lab está valorada en más de 12.000 millones de dólares y emplea a 180 personas, entre ellas ex-altos cargos de OpenAI como John Schulman, Alec Radford y Bob McGrew. En julio rechazó colectivamente una oferta de 1.000 millones de Meta para llevarse a todo su equipo.


Fuentes cercanas describen a Murati como una líder técnica implacable que lee papers más rápido que nadie y toma decisiones en minutos, pero que nunca alza la voz. En entrevistas recientes defiende que la competencia actual no es entre laboratorios, sino “contra la ignorancia” y aboga por un acceso más democrático a la IA avanzada.


Con un modelo propio de frontera en desarrollo (cuyo nombre en clave es Tinkerbell) y planes de expansión internacional, Mira Murati ha pasado de ser la cara técnica de OpenAI a convertirse, en tiempo récord, en la empresaria que más amenaza el dominio de los gigantes estadounidenses de la inteligencia artificial.


De Vlorë a liderar una de las compañías más valiosas del planeta. La historia de Mira Murati ya no es solo inspiración para mujeres en tecnología: es la demostración de que, en la era de la IA, una sola persona puede cambiar las reglas del juego.




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